Voves de Mujer No. 4 - Diciembre 2002
En esta edición

 

Editorial

   
Sábado 7 de junio del 2003.

Cuando hablamos de una constituyente, viene a la memoria de muchos colombianos y colombianas el proceso histórico de 1991. En aquel entonces, se impulso desde distintos sectores sociales y políticos la idea de compaginar la realidad del país con las instituciones del Estado, que aun guardaban los parámetros y hacían vigente el proyecto regenerador del 1886. El experimento se hizo, y brindó la posibilidad de un ejercicio ciudadano más participativo y democrático, pero sus resultados en cuanto a la transformación de las reglas políticas y la democratización económica sigue siendo una asignatura pendiente en Colombia.

 
Las mujeres corremos la voz de una constituyente. Y recogemos la figura de la Constituyente, porque es la figura que permite sellar y legitimar un compromiso. Queremos posicionar el tema en la opinión pública, pero desde otro marco de recordación. No estamos hablando de elaborar una nueva carta política. Lo que queremos es continuar un proceso que las mujeres hemos iniciado varias décadas atrás.

En los anteriores editoriales hemos insistido en la caracterización del movimiento social de mujeres como un sujeto colectivo que desarrolla una acción política incidente y transformadora por la reconfiguración, desde la opción civilista y democrática, del orden social; sobre la base de la equidad y la igualdad de oportunidades. Este es el proceso que queremos recoger, que potenciamos, que reclamamos, que posicionamos.

En todas partes y en todas las épocas hemos estado presentes las mujeres, muchas veces de manera invisible, como memorias femeninas que reclama su autonomía, como sujeto de una historia concebida por la imaginación masculina. Estas luchas que antes permanecían silenciosa, ahora son sonidos contundentes que se juntan para transformar la subordinación femenina, la Movilización Nacional de Mujeres contra la Guerra del pasado 25 julio (2002). El compromiso por superar la exclusión y proponer a partir de nuestro trabajo organizativo y conceptual una agenda posible, es el empeño que se sintetizara en esta apuesta democrática, el cual llamamos Constituyente.

La Constituyente que avalamos en esta ocasión las mujeres, es la expresión de nuestra acción política. Es un espacio de legitimación, un intento por articular saberes y realidades, problemáticas y afirmaciones, propuestas y dificultades de las mujeres organizadas. Es un ejercicio democrático como ciudadanas. Es un gran pacto político y de sororidad entre diferentes expresiones del movimientos de mujeres para posicionar y garantizar el reconocimiento de la diversidad de intereses e identidades de las mujeres, como participantes activas en la reconstrucción de Colombia.

Le estamos recordando al país que las mujeres trabajaremos incansablemente por la consecución de la paz, lejos de las soluciones fácticas que las armas brindan. Proponemos salidas políticas al conflicto, apelando a la participación efectiva de todas y todos en la gestión del proceso social.

El punto de encuentro para las mujeres será el 25 de Noviembre, no olvidemos que somos un poder real, que tenemos algo que decir y proponer, que necesitamos espacios para socializar nuestro trabajo y acumulados. La Constituyente, es un nuevo reto de exigencia inusitada para nuestras organizaciones. No despreciemos esta oportunidad histórica que tenemos para incidir efectivamente en la construcción democrática, para "reconfigurar el Estado, para superar las exclusiones vividas en todos los ordenes de la vida social, cultural, política, económica y erradicar las violencias en lo privado y en lo público".